El milenio: lista de deseos1
¿Qué economía para qué
país?
- Una economía capaz de sustentar la superación pronta y
efectiva de la pobreza extrema y la desigualdad inicua
que hoy caracterizan centralmente a México. Las
organizaciones económicas no dan por sí solas ni
equidad ni bienestar, pero unas son más favorables que
otras para alcanzar esos objetivos de habitabilidad
social de los que hoy carece México. La organización
actual de la economía mexicana no puede sustentar esos
empeños y, en más de un sentido, los niega y los
posterga sin fecha.
- Una economía en la que el dinamismo alcanzado en las
exportaciones se traduzca sistemáticamente en empleo
creciente y bien pagado. Hoy la organización económica
no ofrece esta posibilidad para el conjunto del país,
sólo para unos cuantos y, en términos de salarios,
seguridad, de modo muy insuficiente.
- Una economía en la que las exportaciones no dependan de
manera tan directa y pesada en las importaciones. Sólo
así, la inserción en la nueva economía internacional
será socialmente virtuosa para México. Hoy, no lo es, y
políticamente resulta cada vez más difícil mantener la
pauta actual, sólo con base en promesas sin plazo de
cumplimiento, o convocatorias a una responsabilidad
económica que desde el punto de vista social es un
llamado a la resignación.
- Una economía vinculada a un Estado fiscal que, en
realidad, México no ha tenido nunca. Respecto de la
cuestión fiscal, que es decisiva para la construcción
de un Estado moderno y una sociedad habitable, la
economía mexicana ha servido y sirve más que nada como
pretexto negativo: no a los impuestos porque el capital
se va; no al gasto, porque hay déficit, y el capital se
va; no a la deuda, porque no nos prestan, pero si la
buscamos pierden confianza en nosotros y el capital se
va. La economía, en esta perspectiva, es una economía
salvaje y primitiva, que vive de la expoliación de los
recursos naturales y del saqueo de las ventas que algunos
de estos producen. El caso de Pemex sigue ahí, como una
acusación permanente contra una organización económica
voraz y a fin de cuentas tonta: al sangrar a Pemex como
lo hace, todos los días acaba con su propio futuro .
- Por último, pero no al último. Una economía imbricada
en un tejido financiero del que México hoy carece. Sin
crédito no hay economía moderna y sin banca no hay
crédito. La proeza de la hora, de tener crecimiento
económico sin financiamiento bancario nos condena a un
dualismo inaceptable y destructivo . A una sociedad sin
milenio.
1 Publicado en La Jornada,
noviembre 28 de 1999.