La pobreza en México: escenarios hacia el 2030
Como sociedad requerimos construir una visión de bienestar social. Desplegar esfuerzos contra la desigualdad y la pobreza, es una tarea prioritaria que exige ser atendida, no sólo por razones económicas y políticas, sino éticas. Este ejercicio debe ser un todo integrado, formar parte de las responsabilidades del gobierno y de la sociedad, en el entendido de que la cuestión social involucra no sólo al Estado, sino al conjunto de la sociedad.
La construcción de opciones en materia social requiere ir más allá de la perspectiva sexenal, implica una visión de largo plazo. Esto es lo que se puede llamar la instrumentación de políticas de Estado. Es decir, en las sociedades modernas tienden a existir esferas en las cuales los principios organizadores y articuladores de las políticas públicas están definidos, aceptados y consensuados entre los diversos actores políticos y tienen continuidad más allá de la alternancia de las fuerzas políticas.
El mayor reto que enfrenta la nación mexicana es, sin duda alguna, abatir la pobreza. No obstante de que existe consenso en torno a la hipótesis de que aún mejorando los niveles de ingreso y manteniendo el crecimiento en el largo plazo, una gran parte de la población seguirá viviendo una situación de marginación, carencias, desigualdades y falta de oportunidades, la pregunta que surge es ¿qué distribución y cuánto requerimos crecer para superar la pobreza?
Para realizar una prospectiva de la pobreza se consideran tres escenarios elaborados por Enrique Hernández Laos, en donde si bien los supuestos pueden quedar rebasados en el corto plazo, nos permiten tener una idea sobre la posible evolución del principal problema que enfrenta nuestro país.
Escenario 11
Como la pobreza es sensible al comportamiento de la economía y en este escenario se supone un crecimiento de casi 3% en la primer década del nuevo milenio, entonces la pobreza extrema tendría una reducción de casi 9 puntos porcentuales. Si consideramos que se mantiene la misma tendencia en los dos siguientes decenios, se tendría un descenso importante de 27 puntos porcentuales en treinta años.
En términos absolutos, y partiendo de que en 1996 los niveles de pobreza extrema se ubicaron en 22.6 millones, de acuerdo con en este escenario tendríamos una reducción de 5 millones por década. En otras palabras, en el 2010 llegaríamos a 17.6 millones, a 8.7 millones en el 2020 y a cero millones en el 2030, lo que implicaría una disminución de poco más de 70% de la población en situación de pobreza.
En el caso de la pobreza no extrema, pasaríamos de 26.2 millones de personas a 21.9 en el 2010, hasta llegar a 2.9 en el 2030.

Escenario 2
Siguiendo la misma lógica, en este escenario la pobreza extrema y no extrema se reducirían en 10 puntos porcentuales, es decir, sólo un punto más que en el escenario anterior. En términos de millones se observaría la siguiente tendencia: la pobreza extrema disminuiría a 15.9 millones y la no extrema a 20.2 millones en el año 2010; en tanto que para la siguiente década podría llegar a 4.8 millones y 9.6 millones, respectivamente, y puede decirse que se eliminarían en el 2030 tanto la pobreza extrema como la no extrema.

Escenario 3
De acuerdo con este escenario la pobreza tendría una reducción menor, comparado con las otras dos proyecciones. Es decir, la disminución sería de 3.1 millones, lo que representa 7 puntos porcentuales. De esta manera, para el 2010 tendríamos 19.5 millones de pobres extremos y 23.8 millones situados en pobreza no extrema; en la siguiente década serían 12.8 millones pobres extremos y 17.4 no extremos; finalmente para el 2030, los pobres extremos llegarían al nivel de 4.6 millones y los no extremos se ubicarían en 9.5 millones.

Como se puede observar, la pobreza permanecería entre nosotros excepto en el escenario dos (para el 2030). Ello implica que la economía mexicana creciera a niveles más altos para aspirar a reducir sustancialmente la pobreza extrema y no extrema.
En el escenario optimista, con un crecimiento económico de 4.3% anual entre 1997 y el año 2010, y un aumento real (anual) de los salarios de 3%; la pobreza sólo se reduciría en 10 puntos porcentuales, y al menos una tercera parte de la población estaría bajo algún grado de pobreza en el 2010.
Superar la pobreza, de acuerdo con los datos anteriores, implica tiempos extremadamente largos. Si bien el crecimiento económico es una condición básica, y en tanto no haya cambios económicos sustantivos las prácticas redistributivas deben seguir ocupando un lugar preponderante de las políticas públicas, es claro que la magnitud y complejidad del fenómeno de la pobreza implica abordarlo como un asunto histórico central, que trascienda los intereses inmediatos y coyunturales. Desplegar esfuerzos contra la pobreza y la desigualdad es una tarea que se justifica no sólo por razones económicas y políticas. Asumir, como sociedad, sacrificios y hacer compromisos explícitos, son la única vía posible para superar ideas chatas que ven en la pobreza un mal necesario que acompaña al quehacer humano. La lucha contra la pobreza exige, por tanto, un despliegue de imaginación política que deje voluntarismos y retóricas y busque fórmulas basadas en propuestas plurales; en este sentido, poner en el centro de la agenda nacional a la equidad social, debería ser una de las tareas de nuestra política que se quiere democrática.
1 Se tomó como base a la pobreza estimada por Hernández Laos en 1992 (llevada a precios de 1996) donde la pobreza extrema es de 24.5% y la no-extrema de 28.3% de la población total de ese año.