La sociedad mexicana hoy. Población y condiciones socioeconómicas

La magnitud y el incremento de la población de México derivan del rápido crecimiento demográfico observado hasta los años setenta, así como del descenso en la natalidad y la mortalidad y el aumento en la pérdida neta por migración, ocurridos a partir de entonces.6

Se ha estimado que en 1997 México tenía 93. 7 millones de habitantes, con un crecimiento absoluto de 1.8 millones de personas. Sin embargo, cuando se descuenta el efecto de la migración internacional -que es negativo para México en aproximadamente 300 mil personas por año-, se tiene que el crecimiento neto es de poco más de 1.5 millones de personas, lo cual significa una tasa anual de 1.62%.

A partir de los años setenta, la tasa de crecimiento demográfica ha registrado una notable disminución: de 3.4% hace treinta años, a 1.9 aproximadamente en el presente; aunque la población pasó de 42.5 millones en 1965 a 93.7 millones en 1997. Si bien las tendencias indican que el ritmo de crecimiento poblacional tenderá a descender en el futuro, en términos absolutos la población mantendrá su aumento.

En los últimos 27 años, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población, son marcados los cambios que se aprecian en la composición por edades. La proporción de la población menor de 15 años en el total pasó de 47.5 a 34.7%; correlativamente, la población en edad laboral (15 a 64 años) aumentó su participación de 48.8 en 1970 a 61% en 1997. Los mexicanos de la tercera edad, de 65 años y más, pasaron de 3.7 a 4.4% del total.

Desde 1970 se han registrado modificaciones sustanciales en las pautas de fecundidad. La población en edad preescolar, menor de 6 años, ha disminuido su crecimiento anual, de 252 mil en 1970 hasta volverse nulo en 1994 y negativo a partir de entonces. Como consecuencia, este grupo de edad disminuyó su participación en el total al pasar de 22.2 en 1970 a 14.1% en 1997. Asimismo, la evolución más importante es la que se observa en la población en edad de trabajar (entre 15 y 64 años). La "bomba demográfica", de la que se ha venido hablando, estalló de hecho hace unos años y sus efectos se muestran con toda evidencia en los mexicanos jóvenes, cada día más adultos, que forman ya la mayoría nacional. La tasa de crecimiento anual de este segmento es en la actualidad de 2.4%, mayor que el crecimiento global (1.6, 1.9%); en menos de 40 años, de 1960 a 1997, pasó de 18 a 57 millones de personas.

Si bien los impactos del cambio económico nacional y mundial, así como la afirmación del reclamo democrático, encuentran en este nuevo perfil demográfico sus mayores retos, a la vez que algunas de sus más sólidas potencialidades, en el presente todo parece desafío insuperable: la economía no ha podido crear empleos suficientes y remunerativos para buena parte de esta población y son todavía una minoría los que tienen acceso y pueden aprovechar las oportunidades de la educación superior. Éste es, sin duda, el más ominoso cerco social que encara la transición mexicana.

Sin embargo, es conveniente mantener lo que podría ser una hipótesis dinámica. Una población amplia, con posibilidades físicas para el trabajo productivo, ha sido siempre una oportunidad para la expansión y el desarrollo sostenido. Si a ello agregamos el dato de una mayor escolaridad, que sin embargo debería ponderarse por el factor calidad, es claro que México tiene hoy consigo mayores posibilidades para aspirar a una evolución económica y social promisoria. Habría que añadir a esto, que el grado de dependencia, determinado por la participación de la población infantil y adolescente en el total, ha disminuido de modo importante, dando lugar a nuevas opciones y posibilidades en cuanto a la utilización del excedente producido por el crecimiento de la economía.

Asimismo, el aumento en el número de adultos amplía el campo de posibilidades de la participación social y de la intervención política democrática. No son sólo las mejores capacidades que ofrecen la edad y la experiencia, sino también y en nuestro caso sobre todo, el cúmulo de necesidades sentidas y no satisfechas, de la falta de trabajo a la insuficiencia del ingreso, el que estará detrás de inéditas rondas de agitación social y movilización política en el futuro más o menos cercano. La disminución de las expectativas que han impuesto el estancamiento económico y las crisis que lo han acompañado, puede tener en estas nuevas realidades y dinámicas demográficas una plataforma que obligue a un giro político y mental de aliento para el desarrollo.

Vale la pena resaltar aquí el peso enorme que han adquirido los jóvenes dentro del conjunto demográfico nacional. Según el Conapo, la población juvenil (de 15 a 24 años) llegó en 1997 a casi 20 millones, es decir, poco más de 21% del total nacional. Se estima que dichas magnitudes se mantendrán en los próximos veinte años, lo que representa un cambio enorme no sólo desde el punto de vista demográfico sino sobre todo cultural y político-económico. La mayor parte de esta población, además, se ubica en las ciudades, contrariamente a lo que ocurría hace treinta y cinco años. Según Conapo, en 1960 60% de los jóvenes vivía en el medio rural, en tanto que en el presente los que viven en las urbes representan alrededor de 74%. Lo anterior no impide que los jóvenes rurales hayan pasado de 3.9 a 5.3 millones entre 1960 y 1995. Como se comprenderá, la presencia juvenil le plantea a la sociedad rural problemas de grandes proporciones, no sólo en el terreno de la producción y el acceso a los activos, sino también en lo que concierne a la estabilidad comunitaria y la gobernabilidad local.

Los jóvenes (de acuerdo con Conapo) se concentran en unos pocos estados de la República: en ocho se ubica más de la mitad: Estado de México, Distrito Federal, Veracruz, Jalisco, Guanajuato, Puebla, Nuevo León y Michoacán. Asimismo, en sólo cinco entidades reside casi la mitad de los jóvenes urbanos: Distrito Federal, Estado de México, Nuevo León, Veracruz y Jalisco. Por lo que toca a la juventud rural, poco más de 40% vive en seis estados: Veracruz, Chiapas, Guanajuato, Michoacán, Oaxaca y Puebla.

En lo que hace a las características educativas de los jóvenes, éstas presentan un panorama favorable; en las dos últimas décadas se han elevado significativamente las proporciones de alfabetas, de asistentes a la escuela y de jóvenes con estudios de posprimaria.

En cuanto a su participación económica, en 1995 el volumen de los económicamente activos equivalía al doble del registrado en 1970, aunque las tasas de participación económica resultan similares en ambos años. En lo que hace a la distribución por sectores de actividad, la mayor participación juvenil se presenta en el sector terciario y la menor en el primario, situaciones que se acentúan en el caso de las mujeres jóvenes de las cuales sólo 3.0% se ubica en el sector primario en tanto que 66.6% corresponde al terciario. Una característica de la población joven en México es que no trabaja en el campo.

Conforme a la distribución de los jóvenes ocupados según ingreso, la mayor concentración se ubica en el rango de 1 a 2 salarios mínimos. Sin embargo, en los rangos de mayores ingresos son ligeramente mayores las proporciones de hombres respecto a mujeres.

La población femenina, por su parte, que en 1997 representaba 51% de la población total, también ha registrado cambios en relación con la tasa de fecundidad: en 1995 el promedio de hijos nacidos vivos en las mujeres de 12 años y más era de 2.8, inferior al de 1988 que fue de 3.6 hijos por mujer. Entre los factores que inciden en este comportamiento está el nivel de instrucción y la actividad, ya que a mayor nivel de instrucción y de participación económica el promedio de hijos baja.

En el rubro educativo la población femenina logró avances importantes; el índice de analfabetismo pasó de 29.6 en 1970 a menos de 15% en 1997, cambio que se refleja principalmente en las mujeres menores de 40 años, ya que las mayores de esta edad, siguieron registrando una tasa de analfabetismo alta.

Respecto de la asistencia escolar de la población femenina, de 5 a 24 años, se observó, que conforme avanza la edad, este porcentaje se incrementa hasta alcanzar su valor máximo a los 9 años (93.1%), después disminuye paulatinamente de tal forma que entre los 15 y 19 años menos de la mitad de las mujeres va a la escuela y entre los 20 y 24 la asistencia escolar es tan sólo de 13.8%. Este hecho se asocia tanto con la temprana incorporación de las jóvenes a la actividad económica, como con la gran proporción de mujeres que se dedican a los quehaceres del hogar.

No obstante que la participación económica de la mujer se ha incrementado, sigue siendo inferior que la del hombre, en un proporción de 3 a 1. Considerando la edad, la participación económica de la mujer alcanza su valor máximo entre 20 y 24 años, en cambio la máxima participación del hombre se presenta entre los 35 y 39 años. En relación con la posición laboral, una alta proporción de mujeres se concentra en el grupo de empleadas o obreras, seguida por el de trabajadoras por su cuenta. Cabe mencionar que la mayoría de la población femenina se ocupa en el sector terciario.

Para 1990 había en el país 2.3 millones hogares donde el jefe de familia era mujer, valor que representaba 15.3% del total de los hogares. Para 1998, el DIF proporcionó una estimación en la que 18.8% de los hogares estaban dirigidos por mujeres, lo que representaba casi la quinta parte del total de hogares a nivel nacional. Asociado a este indicador, es notable el incremento de mujeres viviendo solas particularmente en las localidades urbanas.

Como resultado de estas tendencias, la familia ha experimentado una de las transformaciones más importantes de este fin de siglo, que impacta tanto a la dinámica poblacional como a las instituciones sociales pero, sobre todo, a los estilos de vida y a la organización social. Mario Luis Fuentes7, menciona que el ingreso masivo de las mujeres al marcado de trabajo ha implicado una intensa demanda de servicios asistenciales y con ello cambios en las funciones y roles de la familia, donde el cuidado y la educación de los menores se trasladan plenamente fuera del ámbito familiar. Asimismo, se ha elevado el número de hogares uniparentales, se han incrementado los divorcios, y han surgidos nuevos tipos de familia, los cuales no corresponden con los perfiles de los titulares de los derechos de la seguridad social.

No obstante, la familia (como institución social) mantiene y reproduce las estructuras y transmite los elementos para vivir y ver la vida de una manera determinada. Para muchos mexicanos, la familia es portadora de valores y al mismo tiempo de innovaciones y con ello continúa siendo el núcleo de la sociedad mexicana. Con la palabra familia, no obstante los cambio experimentados, se asocian significados altamente positivos como los de unión, hijos, amor, hogar, bienestar, seguridad, padres y comprensión. Al mismo tiempo constituye una importante red de seguridad económica, lo que nos remite a una concepción de la familia como una unidad de producción, consumo y protección, insoslayable para enfrentar situaciones criticas y los avatares económicos.

Por último, pero no al último. La propia evolución demográfica junto con los avances en la salud y la nutrición, han propiciado un envejecimiento gradual de la población portador de nuevos retos; la población mayor de 65 años creció en 1997 a un ritmo anual de 3.95%, cuando en 1960 fue de 0.74%. "De hecho, la tasa de crecimiento que ha alcanzado la población de la tercera edad hoy en día es inédita en la historia demográfica del país"8.

Sin duda, estas tendencias le plantean a la sociedad nuevos problemas; no sólo el financiero (por los costos que representan las pensiones), sino sobre todo el de la organización de la salud pública y del bienestar para una población que no dispondrá, probablemente, del hábitat familiar del pasado. Así, el gran desafío que se presenta es la definición de formas de existencia y relación social que den cabida y reconocimiento, así como aliento productivo, a estos mexicanos que, hasta hace poco, ni siquiera se les imaginaba en los escenarios de la política pública.


6 Consejo Nacional de Población. "La situación demográfica de México". 1998
7 Fuentes, Mario Luis. "La Política Social". Revista Examen, México, diciembre 1998.
8 CONAPO, Op. Cit. Pag. 3.